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Grandes maestros del cuento

Aquella vida de arriba es la vida verdadera; hasta que esta vida muera, no se goza estando viva. Beowulf y la ogresa combaten en un recinto submarino iluminado por un fuego inexplicable.

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LAS SIETE LEYES DE LA COSECHA

Ropas con su olor Tristes guerras Tus ojos se me van El tren de los heridos Me llamo barro aunque Miguel me llame Tus cartas son un vino Puedes escuchar al poeta en: De viva voz Volver a: A media voz Volver a: Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos, que son dos hormigueros solitarios, y son mis manos sin las tuyas varios intratables espinos a manojos..

No me encuentro los labios sin tus rojos, que me llenan de dulces campanarios, sin ti mis pensamientos son calvarios criando nardos y agostando hinojos. Entusiasman los aires de cantares fervorosos y alados contramores, y el giratorio mundo va a mayores por arboledas, campos y lugares. Es el tiempo del macho y de la hembra, y una necesidad, no una costumbre, besar, amar en medio de esta lumbre que el destino decide de la siembra.

En una soledad impar que aqueja, yo entre esquilas sonantes como besos y corderas atentas como esposas. Como el toro te sigo y te persigo, y dejas mi deseo en una espada, como el toro burlado, como el toro. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler, me duele hasta el aliento.

No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero mirar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte.

Fuera menos penado, si no fuera Zarza es tu mano si la tiento, zarza, ola tu cuerpo si lo alcanzo, ola, cerca una vez, pero un millar no cerca. Garza es mi pena, esbelta y triste garza, sola como un suspiro y un ay, sola, terca en su error y en su desgracia terca. Pero al mirarte y verte la sonrisa que te produjo el limonado hecho, a mi voraz malicia tan ajena,. Anda y cuenta los dulces granos de la arena amarga.

A tu pie, tan espuma como playa, arena y mar, me arrimo y desarrimo y al redil de su planta entrar procuro. Entro y dejo que el alma se me vaya por la voz amorosa del racimo: Bajo su piel las furias refugiadas son en el nacimiento de sus cuernos pensamientos de muerte edificados. Tengo estos huesos hechos a las penas y a las cavilaciones estas sienes: Como el mar de la playa a las arenas, voy en este naufragio de vaivenes, por una noche oscura de sartenes redondas, pobres, tristes y morenas.

Cardos y penas llevo por corona, cardos y penas siembran sus leopardos y no me dejan bueno hueso alguno. Desde que el alba quiso ser alba Desde que el alba quiso ser alba, toda eres madre. Quiso la luna profundamente llena. En tu dolor lunar he visto dos mujeres, y un removido abismo bajo una luz serena. El nuevo amor te inspira la levedad del ave y ocupa los caminos pausados de tu aliento. Nunca tan parecida tu frente al primer cielo. Todo lo abres, todo lo alegras, madre, aurora. Vienen rodando el hijo y el sol.

Arcos de anhelo te impulsan. Pasar por unos ojos como por un desierto; como por dos ciudades que ni un amor contienen. Se descubrieron mudos entre las dos miradas. Sentimos recorrernos un palomar de arrullos, y un grupo de arrebatos de alas arrebatadas. Atravesaba el lecho la patria de los nidos. No es posible perdernos. Y la muerte ha quedado, con los dos, fecundada. Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.

Tu insondable mirada nunca gira al poniente. Claridad sin posible declinar. Suma esencia del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre. Claro cuerpo moreno de calor fecundante. Hierba negra el origen; hierba negra las sienes. Trago negro los ojos, la mirada distante.

Sombra clara que vienes. En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada, para siempre es de noche: De "Cancionero y romancero de ausencias" Beso soy, sombra con sombra. Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor.

Varias alas, varios vuelos abaten en ellas hoy hierros que cercan las venas y las muerden con rencor. Su ardor de espada joven y alegre no reposa. Es una sola lengua, sublime y acordada. Y ante su aliento raudo se ausenta el polvo quieto, y asciende una palmera, columna hacia la aurora. Besarse, mujer, al sol, es besarnos e toda la vida. Besarse a la luna, mujer, es besarnos en toda la muerte. Descienden los labios con toda la luna pidiendo su ocaso, gastada y helada y en cuatro pedazos.

Y somos dos fantasmas que se buscan y se encuentran lejanos. En el fondo del hombre agua removida. Eres la noche, esposa: El aire de la noche desordena tus pechos, y desordena y vuelca los cuerpos con su choque. Como una tempestad de enloquecidos lechos, eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera de llamas minerales y oscuras embestidas. Y alrededor la sombra late como si fuera las almas de los pozos y el vino difundidas. Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente, la visible ceguera puesta sobre quien ama; ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente, ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama. Brota de sus perezas y de sus agujeros, y de sus solitarias y apagadas ciudades.

Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra tu cuerpo. Centro de claridades, la gran hora te espera en el umbral de un fuego que al fuego mismo abrasa: Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras. Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo. Y todos dejan siempre sombras: Con espliego y resinas perfumo tu aposento.

Hijo de la luz y la sombra. Tejidos en el alba, grabados, dos panales no pueden detener la miel en los pezones. Tus pechos en el alba: Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas, hasta inundar la casa que tu sabor rezuma. Es como si tu sangre fuera dulzura toda, laboriosas abejas filtradas por tus poros. Para siempre fundidos en el hijo quedamos: Los muertos, con un fuego congelado que abrasa, laten junto a los vivos de una manera terca. No te quiero en ti sola: La boca Boca que arrastra mi boca, boca que me has arrastrado: Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco.

Boca poblada de bocas: Muerte reducida a besos, a sed de morir despacio, das a la grama sangrante dos tremendos aletazos. Los daneses abandonan la sala y la dejan bajo la vigilancia de los gautas. Beowulf y la ogresa combaten en un recinto submarino iluminado por un fuego inexplicable.

Finalmente, Beowulf recibe un funeral: Ejemplos claros de estos son:. Podemos marcar varios tipos de estructura en Beowulf , dependiendo del punto de vista que utilicemos para acercarnos al texto. Algunas de esas alusiones:. De Wikipedia, la enciclopedia libre. La Alta Edad Media. Consultado el 11 de febrero de In the Heroic Age 5. University of Michigan Press. Consultado el 10 de abril del The University of Kentucky.

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