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¿Quién es el Principal humano Enemigo de la Iglesia y cómo Opera?

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La dilatada anchura del silencio de silencio se llena. Es el vivir tan tenue, que no ata; la cautiva se suelta. Segunda, y la mejor, surge del mar la Venus verdadera. Todo quiere ser cuerpo. Querer vivir es anhelar la carne, donde se vive y por la que se muere. Se busca oscuramente sin saberlo un cuerpo, un cuerpo, un cuerpo. Nuestro primer hallazgo es el nacer. Le llevamos aliado nuestro, se le mira en los espejos, en las sombras.

Nuestro cuerpo es el cuerpo primero en que vivimos, y eso se llama juventud a veces. Tibios presagios sin rumbo el rostro corren, disfrazados de ardores sin motivo. Nos sospechamos nuestros labios, ya. La primer soledad se siente en ellos. La vida salta, al fin, sobre su carne, por un gran soplo corporal henchidas las nuevas velas: Derrota del solitario aquel nacer primero.

Se puede vivir en pechos como quieren acabar las violetas y los amores impares. Se puede vivir en llamas, cuando se quema un papel y ya no quedan palabras sino luz resplandeciente. Se parece a ti: Vivir, desde el principio, es separarse. Ni en el lugar, ni en el hallazgo tiene el amor su cima: Desde el prodigio, siempre. Nunca desde los labios que te beso, nunca desde a voz que dice: No en tu nombre, si lo dicen, no en tu imagen, si la pintan.

No en tu espejo, no en tu letra, ni en tu alma. No eres lo que yo siento de ti. No te quiero mucho, amor. No te quiero mucho. Sin voz, desnuda Sin armas. Ni las aguas de la bondad sin fondo, ni la perfidia, corvo pico.

Me fui a tu encuentro por el dolor. Apuntando en el aire las cifras fabulosas, sin peso de tu dicha. Las beso yo por ti. Saben; tienen sabor a los zumos del mundo. Entre figuraciones vivo, de ti, sin ti. Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida; moro que en tal signo nace no debe decir mentira.

Si gran traidor fue su padre, mayor traidor es el hijo. Gritos dan en el real. Desque le tuviera muerto, metiose por un postigo; por las calles de Zamora va dando voces y gritos: En un verde prado de rosas y flores, guardando ganado con otros pastores, la vi tan graciosa que apenas creyera que fuese vaquera de la Finojosa.

No creo las rosas de la primavera sean tan fermosas ni de tal manera, fablando sin glosa, si antes supiera de aquella vaquera de la Finojosa. No tanto mirara su mucha beldad, porque me dejara en mi libertad. Coplas a la muerte de su padre.

V Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar; mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar. XIII Los placeres y dulzores de esta vida trabajada que tenemos, no son sino corredores, y la muerte, la celada en que caemos. Aurelio Alexandre fue en disciplina y rigor de la guerra; un Constantino en la fe, Camilo en el gran amor de su tierra.

Quedando desamparado, con hermanos y criados se sostuvo. Aunque esta vida de honor tampoco no es eternal ni verdadera; mas, con todo, es muy mejor que la otra temporal, perecedera. Garcilaso de la Vega. Quien a Dios tiene, nada le falta. Porque si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga.

Muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, que muero porque no muero. Venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero, que muero porque no muero. Aquella vida de arriba es la vida verdadera; hasta que esta vida muera, no se goza estando viva.

Muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero. Quiero muriendo alcanzarle, pues tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero. Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado, ni del dorado techo se admira, fabricado del sabio moro, en jaspes sustentado. No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, ni cura si encarama la lengua lisonjera lo que condena la verdad sincera.

Vivir quiero conmigo, gozar quiero del bien que debo al cielo a solas, sin testigo, libre de amor, de celo, de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera por mi mano plantado tengo un huerto, que con la primavera de bella flor cubierto, ya muestra en esperanza el fruto cierto. Y como codiciosa de ver y acrecentar su hermosura, desde la cumbre airosa una fontana pura hasta llegar corriendo se apresura. San Juan de la Cruz. Matando, muerte en vida has trocado. Y todos cantos vagan, de ti me van mil gracias refiriendo.

Entrado se ha la esposa en el ameno huerto deseado, y a su sabor reposa, el cuello reclinado sobres los dulces brazos del amado. La blanca palomica al arca con el ramo se ha tornado, y ya la tortolica al socio deseado en las riberas verdes ha hallado. Oye, pastor, pues por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres.

No son mis esperanzas pertinaces por quien los males de tu bien padezco sino la gloria de saber que ofrezco alma y amor de tu rigor capaces. Un soneto me manda hacer Violante, Un soneto me manda hacer Violante, que en mi vida me he visto en tal aprieto; catorce versos dicen que es soneto: Soledades A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo me bastan mis pensamientos.

No puede durar el mundo, porque dicen, y lo creo, que suena a vidrio quebrado y que ha de romperse presto. Dijeron que antiguamente se fue la verdad al cielo; tal la pusieron los hombres, que desde entonces no ha vuelto.

En dos edades vivimos los propios y los ajenos: Dos polos tiene la tierra, universal movimiento, la mejor vida el favor, la mejor sangre el dinero.

Sin libros y sin papeles, sin tratos, cuentas ni cuentos, cuando quieren escribir, piden prestado el tintero. Con esta envidia que digo, y lo que paso en silencio, a mis soledades voy, de mis soledades vengo. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.

Son sus padres principales, y es de noble descendiente, porque en las venas de oriente todas las sangres son reales; y pues es quien hace iguales al duque y al ganadero, poderoso caballero es don Dinero. Pero pues da al bajo silla, y al cobarde hace guerrero, poderoso caballero es don Dinero. Sus escudos de armas nobles son siempre tan principales, que sin sus escudos reales no hay escudos de armas dobles; y pues a los mismos robles da codicia su minero, poderoso caballero es don Dinero.

Y es tanta su majestad, aunque son sus duelos hartos, que con haberle hecho cuartos, no pierde su autoridad; pero, pues da calidad al noble y al pordiosero, poderoso caballero es don Dinero. La Fortuna mis tiempos ha mordido; las horas mi locura las esconde. Falta la vida, asiste lo vivido, y no hay calamidad que no me ronde. Breve combate de importuna guerra, en mi defensa, soy peligro sumo; y mientras con mis armas me consumo, menos me hospeda el cuerpo que me entierra.

Azadas son la hora y el momento que, a jornal de mi pena y mi cuidado, cavan en mi vivir mi monumento. Al mosquito de la trompetilla. Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, yo me duermo sosegado, arrullado por el mar. Por una mirada, un mundo, Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo, por un beso Yo de ternura guardo un tesoro.

El verde es gala y ornato del bosque en la primavera. Entre sus siete colores brillante el iris lo ostenta. Yo me he asomado a las profundas simas Yo me he asomado a las profundas simas de la tierra y del cielo, y les he visto el fin o con los ojos o con el pensamiento.

Por una mirada, un mundo Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo, por un beso Dicen que no hablan las plantas Cando maxino que es ida, no mesmo sol te me amostras, i eres a estrela que brila, i eres o vento que zoa. Cuando imagino que te has ido, en el mismo sol te me muestras, y eres la estrella que brilla, y eres el viento que zumba. El viento de la noche gira en el cielo y canta. Pensar que no la tengo.

Sentir que la he perdido. A lo lejos alguien canta. Mi alma no se contenta con haberla perdido.

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